PROPÓSITOS PARA 2019

Muchos son los propósitos que nos ponemos para realizar en el nuevo año. Cada comienzo de año se convierte en un buen momento para iniciar aquello que no hemos podido realizar o ese sueño que año tras año se repite como un deseo que siempre se queda siendo el sueño que lo inició.

El hecho de ponernos retos para crecer personalmente es algo que nos gusta, nos anima, nos motiva y nos hace querer mejorar progresivamente.  La mayoría de esos deseos se quedan en lo que les dio comienzo, un sueño. Aunque hay algunos que conseguimos llevarlos a cabo y hacen que nos sintamos felices.

Buscar la felicidad es algo que muchas personas hacemos, algunas veces sin saber muy bien lo que es la felicidad. Dicen que la felicidad no es la meta sino el camino. Y bien es verdad que tras la consecución de algunas metas nos sentimos vacíos esperando que surja algo a lo que llamamos felicidad y no es más que una satisfacción transitoria y esporádica que no nos llena lo suficiente.

Muchas son las listas que hay sobre las acciones a realizar para sentirse más feliz. Después de valorar muchas de ellas y tras ponerlas en práctica, he llegado a la conclusión de que son 14 las acciones que más nos acercan a tan ansiado propósito. Voy a enumerarlas a continuación para que te sea más sencillo ponerlas en práctica.

Estos son mis deseos para ti en 2019:

  1. Expresa gratitud: estar agradecido por lo que tienes hace que valores las cosas en su justa medida y esto hace que seas más consciente de tu felicidad. En algunos de los experimentos que se han realizado sobre la gratitud, se pidió a los participante que escribieran 5 cosas por las que estaban agradecidos durante 10 semanas seguidas, al cabo de este tiempo se sentían más optimistas y felices, y además su salud física mejoró.

 

  1. Cultiva el optimismo: Ser optimista es ponerse en camino para conseguir nuevos objetivos porque piensas que es posible alcanzarlos. El pensamiento positivo no niega la realidad que vives, te aporta energía para construirla. Puede definirse como optimista a «la persona que espera resultados favorables del futuro, lo que la hace más persistente, con mejor humor y más exitosa por lo general. Incluso su salud es mejor» (Seligman, 2003).

 

  1. No te compares con nadie: tú eres la mejor persona con la que vas a pasar la mayor parte de tu vida. Procura ser cada día mejor de lo que eras el día anterior, sin compararte con nadie. Cuando te comparas no tienes en cuenta las circunstancias por las que ha pasado la otra persona, y esto hace que solo veas la parte buena de ella. Si necesitas compararte hazlo contigo mismo, compárate con lo que fuiste ayer y busca mejorar.

 

  1. Sé amable: la generosidad es buena tanto para el que la recibe como para el que la practica. Busca ser amable con las personas que te rodean. En un estudio realizado por la psicóloga Sonja Lyubomirsky, en el que sus alumnos tenían que realizar actos de generosidad, se determinaron una serie de beneficios para las personas generosas:
  • Te hace percibir a los demás de forma más positiva.
  • Mitiga la culpa, la aflicción o el malestar que te provocan las dificultades y el sufrimiento de los demás.
  • Hace que te sientas privilegiado y agradecido.
  • Te hace distraerte de tus problemas y elucubraciones, ya que te centras más en los demás.
  • Aumenta tu confianza y optimismo. Esto hace que te sientas útil.
  • Te da mayor sensación de control sobre tu vida.
  • Favorece la sensación de sentido y valor.
  • Disminuye los síntomas depresivos y da mayor sensación de felicidad, autoestima y control personal .

 

  1. Cuida las relaciones: Tener una buena red de relaciones es un síntoma de que tu vida va por buen camino. Comienza a centrarte en los demás y recuerda que ayudar al prójimo puede ayudarte a sentirte mejor y más positivo. Los problemas de los otros pueden hacerte tomar conciencia de que no todo lo que te pasa es tan grave. La felicidad se haya en dar y ayudar a los demás. Piensa que los actos altruistas activan las zonas del placer en el cerebro.

 

  1. Perdona: El perdón, como tal, es un valor humano y está muy relacionado con las emociones positivas. Te puede servir como ofensor para liberarte de la culpa y como ofendido, para liberarte de los sentimientos de rencor. Perdonar no significa condonar el comportamiento del otro; el acto de perdonar sucede en tu mente y no tiene nada que ver con la otra persona. La realidad del perdón consiste en liberarte a ti mismo de estar enganchado al dolor, al resentimiento o a esos pensamientos negativos del pasado que no te dejan avanzar. Cuando te sientes incapacitado para valorar y disfrutar los momentos agradables que viviste en el pasado y tiendes a dar más importancia a los desagradables, te sientes vacío, alejándote de la serenidad, la felicidad y la satisfacción personal. Cuando perdonas, tus sentimientos y actuaciones hacia el ofensor son mucho más positivos, manteniendo una actitud de cambio en las actitudes y motivaciones hacia lo que te ha ofendido.

 

  1. Fluye más: Estoy seguro de que en alguna ocasión has experimentado uno de esos momentos en los que te sientes poseído por un profundo sentimiento de gozo creativo, un momento de concentración activa, de absorción total en lo que estás haciendo; ese momento en el que notas que se detiene el tiempo, o que pasa tan deprisa que no te das cuenta; uno de esos momentos en los que notas que estás viviendo desde el amor. Este estado de flujo representa un pico de autorregulación, el punto de aprovechamiento máximo de las emociones al servicio del rendimiento o el aprendizaje. Cuando experimentas este estado, eres capaz de canalizar tus emociones positivas con el fin de realizar una tarea con energía. Es un estado de mucha concentración, en el que sientes una alegría espontanea. Alcanzar la experiencia de flujo te permite aprovechar al máximo tu talento. Existen algunas formas de llegar a ella como ajustar la demanda para adaptarla a tu capacidad: si no estás muy motivado, tienes que aumentar la dificultad para que el trabajo te resulte más interesante; si estás agobiado, tienes que reducir la demanda. Otra forma es practicar asiduamente las habilidades que necesites para que estas sean más óptimas, y es fundamental mejorar la capacidad de concentración y atención.

 

  1. Saborea la vida: solo se aprende a vivir viviendo. Cada momento es una oportunidad para saborearlo, para disfrutarlo. Vivir el presente es la forma de saborear todo lo que la vida te presenta aprovechando cada minuto, sintiendo cada momento, dejando que las emociones te invadan, permitiendo que sean, aceptando todo lo que te llega sin resistencia. Se trata de aceptar las cosas negativas y positivas, aunque sin recrearse en las negativas. Buscando mejorarlas para saborearlas, buscando estar presente en todo lo que ocurre con responsabilidad personal. Para dejar de divagar y angustiarte por lo que todavía no sucedió, o lamentarte por lo que pudiste hacer y no hiciste, nada mejor que centrar todos tus sentidos en el aquí y ahora, sin dejar de lado tus sueños y proyectos. Al vivir el presente se reducen los sentimientos de ansiedad y tu vida se enriquece.

 

  1. Márcate objetivos: para conseguir algo tienes que marcártelo como objetivo. Quien no tiene objetivos es muy difícil que consiga crecer personalmente. Escribe tus objetivos y pon una a una todas las acciones que vas a realizar para conseguirlos. De esta manera tendrás, de una forma más visual, todo el recorrido que tienes que realizar y para tu mente será más fácil trazarse las estrategias a seguir. Al tener objetivos marcados, extraes energía del entusiasmo que pones para obtenerlos. Recuerda que un objetivo tiene que ser específico, medible, alcanzable, retador y acotado en el tiempo. Si tu objetivo no es ambicioso no te vas a esforzar por conseguirlo.

 

  1. Practica la espiritualidad: La espiritualidad es una experiencia sanadora que te puede hacer estar mejor contigo mismo. Para ello tienes que reunirte contigo, en silencio, estar contigo sintiendo el sentido de tu vida. La meditación te puede ayudar, mediante ella llegas a descubrir tus para qué, tu propósito, lo que has venido a hacer a esta vida. Las cosas no ocurren por casualidad sino por causalidad, hay una red de causas y efectos que hace que ocurran. Tienes que hacer el cambio de paradigma para dejar de pensar en la religión y sentirte más espiritual, ya que eres cuerpo, mente y espíritu.

 

  1. Medita: Concéntrate en tu respiración y quédate unos minutos contigo mismo en silencio. Al meditar, aquietas el cuerpo y la mente. Cierra los ojos, deja de fijarte en los estímulos del exterior y dirige toda tu atención al inmediato espacio que te rodea. En este espacio comienzas a conectar con tu mundo interior, que se vuelve más real que el exterior. Tu cerebro consigue llegar a un grado de coherencia que le permite enviar señales más coherentes desde el sistema nervioso al resto del cuerpo. Tu cerebro y tu cuerpo consiguen entrar en comunión, por lo que te sientes más integrado y equilibrado. Es una práctica que cuesta un poco al principio, aunque no dejarás de practicarla cuando la integres.

 

  1. Haz deporte: no se trata de realizar algún deporte federado si no quieres, se trata de que realices alguna actividad deportiva que haga que te mantengas en forma. El ejercicio tiene un efecto tan profundo en tu bienestar que se puede convertir en una estrategia para combatir la depresión. Los beneficios de practicar actividades físicas son tan positivos que llegan a crear adicción debido a la secreción de hormonas como la serotonina, dopamina y endorfinas. Puedes pensar que no tienes tiempo para realizar ejercicio, pero solo 10 minutos diarios son suficientes para sentirte mejor.

 

  1. Sé feliz: la felicidad no es algo que puedas definir y sea común a todas las personas. La felicidad es algo personal que cada uno define de manera diferente. Dicen que la meta no es la felicidad, que la felicidad es el camino. Busca aquello que te haga feliz y practícalo. Pon el foco en lo que te apasiona, es lo que te hace fluir, lo que hace que todas las mañanas te levantes con energía, lo que te impulsa a seguir creciendo como persona, lo que te motiva, lo que hace que tengas ilusión por la vida. Sin ilusión, sin pasión, sin motivación, no hay felicidad. Consigue tu definición de felicidad y ve a por ella.

 

  1. Vive desde el amor: Con esta aseveración podría resumir las 13 anteriores. Para mí, vivir desde el amor es vivir desde el agradecimiento y la generosidad hacia todo lo que me rodea. Es saborear la vida fluyendo con lo que hago, ya sea meditar, hacer deporte o trabajar en mi proyecto. Es vivir mi espiritualidad cuidando de las personas que me rodean y perdonando para sentirme liberado. Es mantener pensamientos de positividad para mejorar. Es mantener una actitud positiva para cambiar el mundo. Es confiar en que todo lo que llega a mi vida es lo mejor para mí. Es llenar mi vida de amor hacia todo lo que me rodea y notar cómo mejora en todos los sentidos. Es marcarme como objetivo ser feliz.

Gran parte de esta información ha sido recopilada de libro “Vivir desde el Amor”. Si todavía no lo has leído, te estás perdiendo un gran avance hacia tu crecimiento personal.

PENSAMIENTO POSITIVO PARA VIVIR MEJOR

El poder que tiene nuestra mente es muy valioso, y puede convertirse en nuestra mejor aliada si la alimentamos bien proporcionándole pensamientos positivos y saludables. En cambio, cuando le permitimos que genere pensamientos negativos y violentos puede convertirse en nuestro peor enemigo.

La forma en que alimentemos a nuestra mente depende exclusivamente de nosotros, pese a que las circunstancias del entorno puedan ser muy adversas. Todo va a depender del objetivo que nos fijemos, así como que tengamos la suficiente motivación  para mejorar por nosotros mismos.

Tenemos más de treinta mil  pensamientos al día y casi el 90 % son los mismos todos los días, por ello la mayoría de estos pensamientos son automáticos. Y es con nuestros pensamientos y con las emociones derivadas de éstos como percibimos el mundo que nos rodea.

Según los pensamientos que tengamos, expresaremos unas emociones que nos llevarán a realizar unas acciones determinadas para obtener unos resultados concretos. Si los resultados que estamos obteniendo en nuestra vida y nuestra forma de ser no es la que nos gustaría, no tenemos más remedio que cambiar nuestros pensamientos.

Para mejorar la calidad de nuestros pensamientos hemos de ser conscientes de que los tenemos y del efecto que producen en nuestra vida. Cuando reconocemos que somos los creadores de los pensamientos positivos y negativos que tenemos, somos capaces de fijarnos en que tenemos unos rasgos de personalidad que son los que son.

Decía Shakespeare que “No hay nada bueno ni malo, excepto si los pensamientos lo hacen así”.  La mente produce cantidad de pensamientos diarios y se convierte en una fábrica pensante que la dirigen dos encargados, uno es la señora Victoria y el otro es el señor Derrota. La señora Victoria produce pensamientos positivos de posibilidad y el señor Derrota produce pensamientos negativos de debilidad.

Estos dos encargados son muy obedientes y efectivos, todo lo que tenemos que hacer es darles una señal para que comiencen a trabajar, si la señal es positiva, la señora Victoria se pondrá a trabajar, igualmente si la señal es de carácter negativo quien comenzará el trabajo es el señor Derrota.

Somos nosotros los que instintivamente damos la orden de comenzar a trabajar en un sentido o en otro. Cuando somos conscientes de esto, somos capaces de tomar la decisión de modificar la parte que nos perjudica o no nos beneficia en absoluto.

Los pensamientos negativos están basados en la ira, el miedo y la avaricia porque nacen del ego.  Se originan también en las expectativas no satisfechas, en la pereza, la venganza, los celos o el odio. De esta forma lo que estamos consiguiendo es envenenar nuestra mente y con ello, todo lo que nos rodea.

Indudablemente  los pensamientos negativos nos restan energía y nos hacen débiles. Todo esto sumado a los estímulos del entorno en forma de noticias negativas o efectos perjudiciales de personas tóxicas de nuestro alrededor, puede llevarnos a  perder la autoestima, generar mayor cantidad de emociones negativas, proyectar nuestras carencias en otros, no comunicarnos bien con los demás o incluso a padecer más enfermedades.

Los pensamientos positivos nos fortalecen interiormente y nos capacitan para ser más constructivos. Aunque alguien pueda pensar que las personas altamente optimistas pretenden vivir en un mundo ilusorio e irreal, ser muy positivos nos ayuda a, después de reconocer la realidad, encontrar soluciones a los problemas que nos ocupan.

Tener pensamientos positivos nos ayuda a mantener relaciones satisfactorias creando vínculos más duraderos ya que cuando rebosamos positividad aceptamos a los demás como son sin querer cambiarlos. Además, nos aceptamos a nosotros mismos y nuestras relaciones mejoran considerablemente.

Como ya he indicado antes nuestros pensamientos positivos nos ayudan a tener una actitud más positiva. De esta manera seremos capaces de encontrar más rápido soluciones correctas a los asuntos que tenemos que resolver,  sabiendo cómo responder ante una situación que nos preocupa.

Aunque todo esto, se puede quedar en nada si no lo ponemos en práctica. A continuación os propongo algunas recomendaciones que a mí me sirven para aprender a pensar en positivo:

  • Dedica todos los días unos minutos a observar tus pensamientos sin quedarte atado a ellos, dejándolos ir. Después relájate y medita.
  • Procura no pensar en el pasado o no quedarte atascado en él. Piensa en presente y futuro para mejorar.
  • Utiliza afirmaciones positivas para reafirmar lo que quieres conseguir, en presente y en primera persona.
  • Perdona los errores de los demás y sobre todo perdona los tuyos.
  • Sonríe todo lo que puedas, ve a ver espectáculos de humor o películas de risa.
  • Olvida los pensamientos innecesarios, deja de pensar en lo que no depende de ti y no puedes hacer nada para cambiarlo.
  • Date homenajes disfrutando de lo que te gusta: música, quedar con amigos, actividades satisfactorias y todo lo que te haga feliz.
  • Abraza a tus amigos y seres queridos. El abrazo te reconforta de tal manera que cuando lo practicas, terminas necesitándolo.

 

Tener pensamientos positivos fortalece nuestra mente y hace que se conserve sana, aportando beneficios psicológicos y también físicos. Además, cuando cambias tu forma de pensar, te das cuenta de que las cosas de tu alrededor también cambian.

EL PODER DE LA SONRISA

En los años 70 un estudio experimental realizado por el psicólogo James Laird, demostró que la sonrisa fingida eleva el estado de ánimo. Para ello daba a sus sujetos experimentales la siguiente instrucción: eleva y estira la comisura de tus labios hacia arriba y hacia atrás, manteniendo un poco abierta la boca hasta mostrar un poco los dientes, y además arruga los ojos suavemente. Los participantes debían mantener esa postura durante al menos diez segundos y luego les preguntaba sobre cuál era su estado de ánimo en ese momento. Todos los sujetos afirmaron encontrarse más alegres y felices en comparación con un grupo de control que debía realizar ejercicios para demostrar otras emociones.

En la asociación Desata tu Potencial, de la cual soy voluntario, enseñamos a los jóvenes a realizar un ejercicio para que experimenten cómo la fisiología del rostro puede modificar el estado emocional. Para ello se les pide a cada uno que se pongan un lápiz en la boca sujetándolo con los labios y dientes, y se les explica que están utilizando los mismos músculos que usan cuando sonríen. En esa posición, cogiendo el lápiz entre los dientes, se contrae el músculo cigomático mayor o músculo risorio, teniendo como resultado una sonrisa.

En diferentes estudios se ha demostrado cómo la expresión emocional influye directamente en el estado de ánimo, incluso se ha comprobado que imitando expresiones faciales ligadas a las emociones se activan ciertas regiones límbicas del cerebro haciendo que fingir una emoción nos condicione a vivirla.

Los actores y actrices son verdaderos especialistas es comprobar estas situaciones, ya que con sus actuaciones llegan a vivir claramente las emociones que están interpretando.

Una terapia que se puso muy de moda hace algún tiempo es la risoterapia, que consiste en reír no por estar alegre, sino precisamente para obtener la alegría. Aunque no es necesario reír a carcajadas para expresar alegría, con una simple y suave sonrisa te darás cuenta de que eres capaz de cambiar tu estado de ánimo y mejorar  para abordar los acontecimientos con una expresión más positiva.

El efecto de la risa es duradero y comporta múltiples beneficios demostrados experimentalmente: libera tensiones, favorece la creatividad, eleva el umbral de tolerancia al dolor, te predispone a ayudar a los demás y reduce los niveles de cortisol reduciendo el estrés. Además el goce que proporciona la risa es comparable con el orgasmo sexual y al reír a carcajadas mueves 420 músculos del cuerpo, entre ellos los músculos del corazón, manteniéndote más actico y con más energía.

Es fundamental que cuando vas a iniciar una acción, tengas el estado de ánimo adecuado. Si sonríes y muestras una postura positiva, vas a conseguir influir en tu estado interno mejorando tu actitud en ese momento.

Además al sonreír consigues que las personas de tu alrededor sonrían por la actuación de las neuronas espejo, consiguiendo que las personas mejoren su estado interno también y provocando una reacción en cadena que puede hacer que no pare ese estado de positividad.

¿Te atreves a probarlo?

AUTOESTIMA

Según el diccionario de la RAE, autoestima es el aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo. El aprecio es el sentimiento de cariño que se tiene sobre algo. Con lo que, autoestima se puede considerar como el sentimiento de cariño que uno tiene sobre sí mismo. Cuando hablamos de cariño estamos hablando de amor, en este caso de amor hacia uno mismo. Así, podemos concluir que la autoestima alta o baja va a depender de la cantidad de amor que te tengas a ti mismo.

La autoestima es pensar positivamente sobre ti, es tener confianza, es verte a ti mismo como capaz de enfrentarte a los desafíos de la vida y ser responsable de tus actos. Es confiar en tu capacidad de tomar las decisiones adecuadas en cada momento y de responder de manera efectiva a los cambios que se producen a tu alrededor. Y la clave está en tu pensamiento, cuando eliges pensar que puedes o pensar que no puedes, en la elección estará la respuesta. Por ello debes esforzarte en pensar de una manera positiva hacia lo que puedes hacer.

La buena noticia es que la autoestima se puede cultivar, puedes aumentarla con dedicación y perseverancia. Puedes  inspirarte, estimularte o entrenarte para llegar a ser más consciente de la aceptación por ti mismo, para actuar de manera más responsable y para ganar seguridad. Es una tarea en la que te puede ayudar alguna persona, algún libro o algún vídeo motivador, aunque la tarea de mantener esos hábitos que te llevan a confiar más recae sobre ti mismo.

¿Qué puedes hacer para conseguir y mantener la autoestima alta?

Para conseguir tener una alta y duradera autoestima puedes realizar una serie de prácticas asiduamente que son “Los seis pilares de la autoestima” del Dr. Nathaniel Branden. Si consigues convertir estas prácticas en hábitos, serás capaz de amarte a ti mismo y mantener una autoestima sólida.

  1. Vivir conscientemente.

Ser consciente de lo que haces o dejas de hacer con tu vida. De cómo tratas a tus seres queridos y a las demás personas. De aceptar las cosas como son y aprender de los errores.

  1. Aceptación de sí mismo.

Aceptar la realidad de todo lo que te ocurre para poder mejorar. Coger el compromiso de valorarte a ti mismo. Aceptarte es aceptar tus fortalezas y debilidades. Es abrazar los pensamientos y sentimientos que tienes sin negarlos. Aceptarse es la condición fundamental para crecer personalmente.

  1. Responsabilidad de sí mismo.

Asumir la responsabilidad de tus acciones y de la consecución de tus metas para responsabilizarte de tu vida y de tu bienestar. Ser responsable del nivel de autoestima que tienes y de la felicidad que consigues. Si quieres que tu vida mejore eres tú quien tiene que hacer algo distinto.

  1. Autoafirmación.

La autoafirmación es respetar tus deseos, necesidades y valores para vivir la vida que quieres. Es vivir de forma auténtica, hablar y actuar desde tus convicciones personales para mejorar. Es tener seguridad en ti mismo para enfrentarte a las adversidades que se presenten.

  1. Vivir con propósito.

Con un propósito en tu vida vas a ser capaz de organizar tu comportamiento y de poner el foco en la dirección adecuada para ser productivo. Así serás capaz de fijar tus metas y actuar consecuentemente para conseguirlas. Tienes que ser capaz de definir bien tu objetivo para crecer como persona. Proponerte objetivos hará que te esfuerces utilizando tus capacidades y poniendo toda la energía necesaria para conseguirlo.

  1. Integridad personal.

Ser íntegro es ser consciente de que tus comportamientos están alineados con tus valores. Es tomar decisiones que no te llevan a entrar en contradicción con tus pensamientos sobre lo que es o no es apropiado.

 

Si integras estas prácticas a tu vida diaria de manera cotidiana, serás capaz de reforzar tu autoestima y podrás actuar de manera más consciente sobre ti mismo. Se trata de darte un poco más de amor. Para ello, cuando tengas un pensamiento que no favorezca a que tu autoestima aumente, y tu voz interior te sabotee, recházalo y piensa en lo que le dirías a tu mejor amigo. Pues eres tú quien tiene que ser tu mejor amigo.